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San Vicente de la Barquera y el Parque Natural de Oyambre

San Vicente de la Barquera

San Vicente de la Barquera es un municipio de la costa occidental de Cantabria, que forma parte de la España Verde. Destaca por su enclave en pleno corazón del Parque Natural de Oyambre. Su puerto pesquero es uno de los más importantes de la región, gracias al cual se ha ido desarrollando la ciudad. Este municipio de unos 41 kilómetros cuadrados tiene sus orígenes poblacionales en la tribu cántabra de los orgenomescos en época romana, siendo su periodo de mayor esplendor durante la Edad Media.

En el siglo VIII Alfonso I el católico repobló y fortificó la villa, viéndose incrementada su población a raíz de los fueros otorgados por Alfonso VIII en 1210. San Vicente fue un gran enclave marítimo, abrazada por el mar en torno a las rías de Rubín y Pombo, cuyos brazos rodean las colinas sobre las que se asienta la puebla vieja. Esto propició las grandes gestas marineras que dieron lugar a la reconquista de ciudades andaluzas, como Sevilla, o a las expediciones a territorios como Terranova para la pesca del bacalao. Por otro lado, el auge de rutas peregrinas como la ruta costera del Camino de Santiago va a traer beneficios a la población de San Vicente, que dejó su estela en un destacado patrimonio monumental, declarado como Conjunto Histórico Artístico1

Uno de los monumentos más importantes de San Vicente de la Barquera es la Iglesia de Santa María de los Ángeles, construida durante los siglos XIII y XIV. Se trata de una iglesia de estilo gótico montañés, que alberga en su interior el sepulcro del Inquisidor Antonio del Corro. Esta escultura funeraria representa al mismo inquisidor que ordenó construir el Palacio de la familia Corro en el siglo XVI, un edificio de estilo renacentista que sirvió para socorrer a los pobres enfermos de la villa. Actualmente, el edificio es la sede del Ayuntamiento de San Vicente de la Barquera2 .

Otro monumento de gran interés en la zona es el Santuario de la Barquera. Datado en el siglo XV, el templo se encuentra en la entrada del puerto y sirve para alojar la imagen de la venerada Virgen que, según la leyenda, llegó al puerto en una pequeña embarcación sin tripulación. Esta efemérides se conmemora cada año durante la fiesta popular de «La Folía».

Del mismo siglo se conserva el Convento de San Luis, monasterio construido bajo el patronato de la casa de Guevara, que sirvió para hospedar al rey Carlos I cuando vino a España en 1517 para su coronación. Un hecho que se representa teatralmente todos los años en el mes de septiembre. Asimismo, cabe destacar el Hospital de la Concepción como herencia del auge de las rutas jacobeas y el Castillo del Rey. Este último construido tras la concesión del fuero a la villa en 1210, acoge en la actualidad actos de carácter cultural y la exposición permanente sobre la historia y naturaleza de la villa.

Otros puntos de interés son el Puente de la Maza, el faro “Punta de la Silla” y los restos conservados de la antigua muralla medieval.

Entre las festividades de San Vicente de la Barquera, La Folía está declarada de Interés Turístico Nacional. Se celebra después de Semana Santa con una procesión marítima en la que participan todas las embarcaciones del puerto para conmemorar la aparición de la Virgen de la Barquera un martes santo. Por otro lado, en septiembre tienen lugar las fiestas de La Barquera y El Mozucu, con diferentes actos populares y la degustación del plato típico barquereño, el sorropotún. También se conmemora a San Vicente Mártir cada 22 de enero y El Carmen cada 16 de julio.

El Parque Natural de Oyambre

El territorio que, con San Vicente de la Barquera como núcleo de referencia principal, está protegido desde 1988 como Parque Natural de Oyambre es uno de los espacios naturales más interesantes y valiosos de Cantabria y aun de toda la fachada cantábrica de la Península.

Síntesis de la naturaleza cantábrica, conjuga mar y montaña. Aquí puede encontrarse una representación tanto de los ecosistemas de bosque y praderías, íntimamente relacionados con los aprovechamientos humanos de los recursos agrarios y forestales, como de los ligados a la franja costera, incluidos acantilados, playas y humedales. La historia se plasma en un rico patrimonio cultural, distribuido en los distintos núcleos de población que abarca el Parque, de los que el principal es la villa de San Vicente de la Barquera. Los ecosistemas naturales correspondientes a este sector de la fachada cantábrica de la Península se corresponden con bosques atlánticos de roble, a menudo en forma de bosques mixtos con otras especies arbóreas, como el fresno, el avellano, el acebo o el castaño. Estos bosques se emparentan con los de otras regiones europeas de climas relativamente húmedos y suaves. Destacan los bosques del monte Corona, en parajes como Richurichas o La Cueva. Esta campiña atlántica posee un elevado interés paisajístico y ambiental y, en sus versiones tradicionales, da refugio a numerosas especies de plantas y animales. Aunque han desaparecido las especies animales de mayor tamaño, como el oso, el lobo o el ciervo, otros muchos vertebrados e invertebrados tienen su hogar en Oyambre.

Las rías de La Rabia, al este, y San Vicente de la Barquera, al Oeste, conforman sendos estuarios en los que alcanzan amplio desarrollo las marismas mareales. Este tipo de humedales es importante para el ciclo de vida de numerosas especies de peces, incluidas algunas de interés pesquero como la lubina (Dicentrarchus labrax), la dorada (Sparus aurata) y el rodaballo (Bothus maxiumus), que dependen de estos ambientes para reproducirse o completar fases de su desarrollo. Esta productividad se manifiesta también en la riqueza marisquera que aportan y ha sido tradicionalmente explotada en el caso de moluscos como la navaja (Ensis minor) y el berberecho (Cerastoderma edule).

El pueblo de San Vicente de la Barquera es uno de los mayores puertos pesqueros de la flota de bajura cántabra. Su lonja de pescados ofrece la posibilidad de observar gran número de especies de peces de interés comercial, como la merluza (Merluccius merluccius), el bonito (Thunnus alalunga) y la anchoa (Engraulis encrasicholus), además de rapes (Lophius budegassa y Lophius piscatorius), cabrachos (Scorpaena spp.) y salmonetes (Mullus spp.).

Otra faceta de las marismas es la presencia de comunidades de aves. La invernada trae a estos parajes a numerosas aves. Así, a las aves residentes, como zampullines chicos (Tachybaptus ruficollis), garzas reales (Ardea cinerea), ánades reales (Anas platyrhynchos) o fochas (Fulica atra), en otoño e invierno se unen el somormujo lavanco (Podiceps cristatus), el zampullín cuellinegro (Podiceps nigricollis), el ánade rabudo (Anas acuta), el porrón moñudo (Aythya fuligula), el correlimos común (Calidris alpina) o el zarapito real (Numenius arquata). El Cabo de Oyambre es también un buen lugar para observar aves marinas, tales como los cormoranes, las gaviotas, los charranes o los espectaculares alcatraces (Morus bassanus), que pueden ser vistos en sus desplazamientos migratorios.

La zona rocosa intermareal del Cabo de Oyambre ofrece la posibilidad de estudiar en detalle sus espectaculares comunidades bentónicas. Bajando por los acantilados calizos durante la bajamar se puede acceder fácilmente a varias zonas rocosas de moderado gradiente donde existen abundantes comunidades de organismos bentónicos, que forman una representativa muestra de los ecosistemas intermareales rocosos cántabros. En las zonas altas, se pueden observar organismos adaptados a la desecación, como los bígaros (Littorina spp.), las lapas (Patella spp.), los percebes (Chthalmus stellatus) y algunas algas verdes (Enteromorpha spp.). En la zona intermareal media aparecen abundantes algas calcáreas de pequeño tamaño como Mesophyllum ssp. y Corallina officinalis, donde habitan una abundante fauna compuesta por diversos gusanos anélidos, crustáceos y moluscos. En la zona intermareal baja quedan expuestas grandes masas de algas rojas, como Gelidium spp., y pardas como Bifurcaria bifurcata y Laminaria spp. En los charcos intermareales se acumulan erizos de mar (Paracentrotus lividus), quisquillas (Palaemon serratus), anémonas y multitud de otros organismos bentónicos.

En la playa de Merón y en la cercana playa de Oyambre, existen varios pequeños complejos dunares con muestras de vegetación dunar. Las plantas psamófilas, capaces de colonizar estos ambientes peculiares, en los que la sequedad y la movilidad del sustrato 7 arenoso, junto con la abrasión producida por el viento cargado de arena, suponen otros tantos desafíos para la vida vegetal, suelen incluir especies peculiares, distintas de las que puedan encontrarse en prados o bosques, y presentar interesantes adaptaciones a tan difícil medio.